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DIARIO ÍNTIMO DE UNA GENERACIÓN

Acostadas en la cama, sacándose la ropa, acariciándose, con bombachas a rayas o remeras de bandas de rock. En la ducha, en el cuarto, con poses “hot”. Están desnudas. O casi. Posan, nos seducen y preguntan ¿Me deseás?

Las fotografías de Yamandú Rodríguez tienen una estética de “snapshot” o instantánea que citan a Nan Goldin y encuadres que recuerdan a Richard Billingham. Podrían haber sido sacadas por un aficionado o bien por cualquier persona que baja sus fotos a una página web. Pero en sus imágenes se asoman detalles muy pictóricos que lo acercan a su formación de pintor. Sus modelos se exhiben, pero no se exponen. Nos muestran su cuerpo, pero nos ocultan su rostro; de esta manera, Yamandú logra que una temática tan atravesada por los medios masivos de comunicación se singularice. Este ocultamiento, que es producto de un pacto entre modelo y artista, nos intriga, nos hace querer ver más.

Su obra presenta parecidos en temática con el japonés Nobuyoshi Araki y sigue el camino de muchos fotógrafos que trabajaron el desnudo y lo erótico, como Mapplethorpe, Jeff Koons o Andrés Serrano. Sin embargo, sus influencias directas no provienen de la fotografía sino del mundo de la música. Le gustan distintas bandas como los Pixies, Sonic Youth, Sex Pistols, Clash, Black Sabbath, The Cure, Velvet Underground, Television, Patty Smith, The doors, entre otras.

Pero lo que encuentra atractivo es la estética relacionada al rock: los fanzines, las tapas de discos, las revistas. El artista es a su vez guitarrista de la banda de punk Loquero.

Sus fotos exceden lo estrictamente sexual. Son el testimonio de distintos aspectos que marcan la experiencia cotidiana de toda una generación: la que creció en una época atravesada por la hegemonía de los medios digitales de comunicación. Son muchos los elementos que se asocian y que forman parte del día a día de esta Generación 00: internet con sus posibilidades infinitas de imágenes, los mails, los celulares, los mensajes de texto, los mp3. Con la llegada de los reality shows, los fotologs, las web cams y los blogs, el espacio privado se vuelve público. El límite entre éstos es cada vez más difuso y los mass media pasan a ser diarios íntimos de nuestras acciones.

Yamandú también transforma lo privado en público. Utiliza escenarios domésticos. Nos deja ver una pared despintada, una manta de colores, fotos pegadas sobre la pared. Cada objeto se resignifica y nos zambulle en la intimidad. El cuerpo se vuelve espectáculo. El gesto de voyeur nos acerca a nuestras fantasías y desnuda nuestros deseos. Parece introducirnos a una sexualidad virtual que nunca llega a concretarse. Nos hace visible la necesidad de desear y ser deseados.

Las primeras fotografías de desnudos se remontan a mediados del S.XIX en Francia. Con un formato tarjeta de visita, ponían en circulación imágenes que no coincidían con la moral burguesa, a pesar de ser muy requeridas. La venta de estas fotografías en las plazas públicas fue un escándalo. Llegó a ser castigada por ley, hecho que ahora nos resulta lejano. Sin embargo, la sexualidad y el cuerpo femenino siguen siendo, hoy más que nunca, objetos de consumo. Y de deseo.


Verónica Flom
Agosto 2007