EL CUERPO COMO ORNAMENTO DESCARADO
Por Araceli Cora García


Yamandú Rodríguez plantea secuencias de strip tease fragmentarios que se apropian foto a foto de la mirada. Su operación hace puente entre atracciones recíprocas, en tanto expone la ofrenda de los cuerpos en acción (de desnudarse, de acariciarse) para otros (visitantes de la muestra). Una propuesta que al omitir los rostros presenta los cuerpos en tanto ornato- objetos capturados por la cámara ¿generador de qué subjetividad sería? Si somos parte del objeto que miramos en tanto ese objeto nos mira, nuestra identidad se constituye imaginariamente con ese otro. Pero ese otro exhibido completamente desnudo, sin protección, lesivo, pone en escena el conflicto de constituirlo como humano. El que mira, el que contempla, es quien corre a conferirle identidad. Si el erotismo más que mostrar insinúa para excitar al espectador, y la pornografía lo expone todo sin velo de pudor ¿qué desplazamiento opera cuando lo tabuado es el rostro y con él la mirada de quien presenta su cuerpo inerme en su disponibilidad? La acción transcurre del lado de los cuerpos que llaman, mientras quien mira queda sumido en la pasividad de su contemplación. La desnudez es luminosa, ostenta una luz dominante y embriagadora que cautiva a quien lo mira, de tal forma lo convoca que le revela su propia carencia. El puente se establece entre quien invita a la mirada y quien se detiene a observar. La cámara se atribuye la estrategia, muestra lo que muestra sin opción, desactiva las opciones de ubicación del espectador, salvo la de apropiarse de lo que le atrae, respondiendo a su deseo de ser mediante el otro de la imagen. La propuesta se torna violenta en tanto escabulle mientras inaugura un espacio que focaliza la celebración de cuerpos sin rostro. En este sentido construye una imagen deseable en tanto se trata de cuerpos que eligen exhibirse. Hay también un carácter narrativo procurado mediante las señas de identidad de las prendas, algo también fragmentario del entorno de la imagen que cuela su llamada a que se reconstituya su estatuto de sujeto. El juego que no podemos dejar de jugar: ser otro ¿se facilita o se dificulta con la reserva de los rostros? ¿Alcanza por la simple sustracción del rostro, es decir la exhibición de los puros cuerpos como objeto, el carácter de lo que Barthes llamó imagen unaria? - ¿es decir esa imagen que no lastima ni hipnotiza, de la cual se podría decir que es trivial? - . Quizás no exactamente, aunque estuviera al filo, dado el carácter específico de los rostros como aquello que es escatimado; se trataría más bien de un cierto erotismo "apócrifo", y conservaría su carácter punzante. Y las protagonistas, en su placer de darse como espectáculo ¿vulgares exhibicionistas o no tan vulgares ni tan exhibicionistas? Quieren ser vistas, y hasta ahí lo serían, quieren reservar su rostro y con él su otredad, y hasta ahí no. Quieren entrar en el otro como objeto que convoque a su mirada, sí, pero ¿hay otro sin rostro? La decisión de reservarse las señas irrebatibles de identidad quitan todo dramatismo y verdadera disposición a la exhibición, salvo lo que queda fuera de escena y es aquello que vio el ojo de quien portaba la cámara - no el de la cámara - . Hay un obstáculo a la fusión erótica - de los corazones, como la llama Bataille - para todos, menos para uno. El cuerpo como ornamento descarado exilia al espectador de su belleza. El herido es el que va a la muestra, y el artista se salva solo. Nuestro deseo de ser el otro sin que el otro desaparezca, el mismo convocado por la llamada de los cuerpos, se anula cuando no tiene rostro. La sustracción opera en el espectador que se queda de este lado de una pared inviolable, entre otros espectadores que comparten la misma indefensión de toparse con una imagen que no permite más que ver. Si, como dice Bataille, hay crueldad en presentar el lazo mirable que se despliega en el erotismo, en esta propuesta con el lazo cortado por el cuello habría obstáculo al dolor infligido por la imposibilidad del reconocimiento.

Araceli Cora García, para la muestra de Alejandro Yamandú Rodríguez en MOPT, Mar del Plata.